¿Cómo hacer oración? – Paso 3 – Conversar
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el que camina
·
05/09/2017

Paso 3: Conversar
- Precisamente porque la oración cristiana es interpersonal, la consideración de las verdades cristianas, nunca es algo pasivo. En este abrazo espiritual, cada uno de nosotros recibimos un algo y a su vez, damos un algo. En este abrazo de la oración, recibimos las verdades y la gracia de Dios, mientras nosotros damos nuestra personal respuesta. Tan pronto como una de estas verdades que estamos considerando tocan nuestro corazón, producirá una respuesta. Este es el corazón de la meditación.
- Si estamos considerando las maravillas de la creación de Dios, quizás no moveremos a responder con palabras o sentimientos de alabanza: ¡Qué grande eres, mi Dios! ¡Cuán hermoso debes de ser, si así de bella es tu creación!…
- Si estamos considerando la misericordia de Dios, podemos responder con contrición, remordimiento, o pesar por nuestros pecados: Tú eres tan bueno y generoso, tan paciente; por qué, mi Señor, soy tan lento en confiar en ti, por qué soy tan egoísta? Perdóname, Señor, una y mil veces más; por favor, perdóname. Sé que me has perdonado y que me perdonarás, pero aún así, sigo pidiéndote perdón, lo siento…
- Si estamos considerando los muchos beneficios que hemos recibido de parte de Dios, como la fe, nuestra familia, o la Eucaristía, podemos movernos a responder con gratitud: Gracias, Padre, desde el fondo de mi corazón, en verdad lo digo, gracias. Gracias por darme la vida, y por mostrarme el significado de la misma, por salvarme de tantos peligros, de tantos pecados…
- Cualquier cosa que estemos considerando, tarde o temprano, como un niño en presencia de su benevolente y poderoso padre, nos encontraremos, probablemente, pidiendo cosas buenas a Dios: ¡Oh my Señor, quisiera amarte como Tú me amas! Necesito tu gracia para ser más paciente, para ver el lado bueno de los demás y no solo lo negativo en ellos. Enséñame a hacer Tú voluntad, a ser un verdadero discípulo… Este pedir puede tomar la forma de confusión o queja, como sucede muchas veces en el libro de los Salmos: ¿Dios mío, por qué me has abandonado? ¿Por qué me suceden estas cosas? Señor, yo no entiendo, enséñame, ilumíname. Ayúdame a ir a donde Tú quieres que vaya, porque ahora mismo no siento que pueda hacerlo…
- Mientras nuestra consideración nos mueve a una respuesta, esta respuesta llegará a su final y nos llevará una nueva consideración, por lo que volveremos a adentrarnos en el material de nuestra meditación. Podríamos volver al mismo punto ya considerado, o movernos a otro punto, hasta que esa nueva consideración produzca una nueva respuesta o una nueva conversación con Dios. Este intercambio, es decir, esta conversación continua, en que reflexionamos en la revelación de Dios y respondemos con nuestro corazón, utilizando nuestras propias palabras, es la esencia de toda meditación cristiana. Es aquí, donde el alma entra en intimidad con Cristo a través de la acción del Espíritu Santo. La simple consideración no es suficiente, debemos conseguir esa conversación con Dios de todo corazón.
- Por lo tanto, durante la meditación nos veremos normalmente moviéndonos entre los pasos 2 y 3, entre la consideración y la conversación. No porque hayamos considerado un punto y conversado con Cristo acerca de ese punto, no significa que podamos considerarlo nuevamente desde otro ángulo, o que podamos considerar otro punto y conversar acerca de ello. Esta conversación se lleva a cabo en ambas direcciones; nos movemos constantemente entre considerar (escuchar) y responder (hablar), según nos vaya dirigiendo el Espíritu Santo.
- Algunas veces nuestra respuesta puede hacerse con muchas palabras, las cuales pueden ir tan rápidas así como nuestro corazón quiera expresarlas. Otras veces, nos veremos repitiendo frases pequeñas o incluso una sola palabra, como Señor o Jesús, que resumen todo lo que sentimos. Otras veces como le sucedía al Santo Cura de Ars, nos quedaremos maravillados con la gloria de Dios y conversaremos con Él en el silencio de nuestro corazón, como si Dios nos mirase y nosotros mirásemos a Dios. Para cualquier forma que utilicemos debemos bajar la guardia de nuestra corazón para que la palabra que Dios preparada para nosotros hoy, penetre, regenere e inflame los secretos más profundos de nuestra alma.
- En este paso de la meditación, podemos sentir la necesidad de hablarle a los santos y a los ángeles, así como a la Santísima Virgen María. Podemos hablarles de Cristo, ya que ellos le conocen mejor de lo que podamos nosotros conocerle; podemos contemplar su fidelidad a Cristo, así como, podemos pedirle su intercesión.
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